Extirpación de amígdalas: Consejos y cuidados

By | 31 agosto, 2016

¿Tienen que extirparte las amígdalas? Te presentamos algunos consejos útiles que te ayudarán tras la cirugía, para cuidarte y para que la recuperación sea la más adecuada.

Las amígdalas consisten en dos masas de tejido (concretamente en una acumulación de tejido linfático), cuya función principal es la de filtrar los distintos gérmenes nocivos que entran en nuestro organismo a través de la boca o de la nariz.

Es decir, podríamos denominarlas como el primer sistema de defensa de nuestro cuerpo, en un lugar donde se constituye el anillo de Waldeyer, donde precisamente los linfocitos entran rápidamente en contacto con los gérmenes patógenos.

Los encontramos situados a ambos lados de la garganta, aunque lo que muchas personas desconocen es que también tenemos otros tipos de amígdalas repartidos a lo largo del cuerpo. No en vano, dependiendo del lugar donde éstas se encuentren reciben diferentes nombres.

Las más conocidas son las amígdalas palatinas, también llamadas tonsilas, y son las que precisamente encontramos situadas a ambos lados de la garganta. Pero también nos encontramos con la amígdala faríngeas (situada en el techo de la faringe), la amígdala tubárica (rodea el extremo faríngeo de la Trompa de Eustaquio), y la amígdala lingual (situado en la base de la lengua).

En lo que se refiere a sus funciones básicas, las amígdalas presentan una importante función inmunitaria, siendo útiles para la defensa de nuestro cuerpo al atrapar bacterias, antígenos y gérmenes; también son capaces de producir anticuerpos; y procesan el líquido linfático el cual luego se distribuye en los diferentes tejidos del sistema linfático.

A pesar de que su función principal es la de defender a nuestro cuerpo de la acción de gérmenes, bacterias y virus, lo cierto es que el problema se produce cuando en ocasiones los gérmenes y bacterias se establecen en ellas, provocando infecciones.

Es lo que médicamente se conoce como amigdalitis, que consiste en una enfermedad infecciosa que se adquiere por contagio, y que ocasiona la inflamación de las amígdalas además de otros síntomas relacionados.

 

A la derecha: Inflamación de las amígdalas

Inflamación de las amígdalas

 

¿Y cuáles son esos síntomas?

Dependiendo de si se trata de una amigdalitis causada por virus o por bacterias, sus síntomas tienden a variar un poco.
Así, por ejemplo, mientras que en la amigdalitis ocasionada por un virus el comienzo de los síntomas es gradual y progresivo, con fiebre moderada generalmente inferior a 39ºC, enrojecimiento de las amígdalas y dolor de garganta moderado; cuando la amigdalitis ha sido causada por bacterias su comienzo es más bien brusco, se suele tener fiebre elevada (superior a 39ºC), las amígdalas se ven muy enrojecidas con aumento de tamaño y presencia de placas blanquecinas, y pueden existir náuseas y vómitos.

 

¿Cuándo se realiza la extirpación de amígdalas?

Aunque por lo general la infección de las amígdalas se revuelve habitualmente sin demasiadas complicaciones, con el debido tratamiento médico su resolución es generalmente rápida, es posible que en determinadas ocasiones y ante determinadas situaciones se aconseje la extirpación de las amígdalas, una operación que recibe el nombre de amigdalectomía y que básicamente consiste en eso: la eliminación de las amígdalas.

Esta operación se aconseja sobre todo cuando el tamaño de las amígdalas es muy grande, causando problemas tales como: interferencia con la respiración y/o la alimentación, son una causa de pausas de apnea durante el sueño, y favorecen la aparición de otitis o rinitis de repetición.

También se recomienda su extirpación cuando se producen infecciones recurrentes, sobre todo de garganta. Es algo que ocurre muy habitualmente con los niños, que tienden a sufrir de forma muy común de amigdalitis.

De hecho, la amigdalitis se realiza sobre todo en niños, siendo poco común que en realidad se lleve a cabo en adultos.

Extracción de amígdalas

Extripación de amígdalas

Recomendaciones y consejos tras la extirpación de las amígdalas

La recuperación tiende a tardar entre 1 a 2 semanas aproximadamente, dependiendo de si solo se extirpan las glándulas adenoides o no. Así, por ejemplo, si solo se extirpan estas glándulas la recuperación es incluso muchísimo más rápida.

Después de la extirpación de las amígdalas es aconsejable beber mucho líquido, aunque al principio moleste o duela un poco. Esto ayudará a que la recuperación sea más rápida, ya que estarás aportando a tu organismo el líquido que tanto necesita para volver a rehidratarse después de una cirugía.

Durante la curación es normal que surjan algunos síntomas habituales: nariz congestionada y con mucosidad, secreción de la nariz (que puede tener o no sangre), dolor de oído y de garganta, mal aliento, febrícula (que puede durar 1 o 2 días luego de la cirugía), así como hinchazón de la úvula en la parte posterior de la garganta.

Come alimentos blandos y bebidas frías

Las molestias en la garganta se pueden aliviar con alimentos blandos y con bebidas no muy frías, destacando por ejemplo el puré de papas, la pasta y la compota de manzana.

También son interesantes los yogures, helados y sorbetes, así como sobre todo agua y jugo de frutas naturales (eso sí, no se aconsejan las bebidas ácidas, como el jugo de naranja y de pomelo). Destacan alimentos como las gelatinas y los flanes.

Evita estos alimentos y bebidas

No se aconsejan bebidas como el jugo de naranja, de pomelo y de limón al ser muy ácidas, así como las bebidas alcohólicas. Dado que las bebidas lácteas son ricas en grasa pueden aumentar la mucosidad.

Por otro lado no se recomiendan las comidas calientes y picantes, además de cereales y verduras crudas o crujientes.

Consume los medicamentos prescritos por tu médico

Es posible que tu médico te haya prescrito calmantes y antibióticos. Si es así tómatelos en las horas aconsejadas y según las dosis recomendadas. Mientras que el calmante es útil para aliviar el dolor y ayudarte a tragar mejor, el antibiótico es útil para evitar las infecciones.

Evita medicamentos como la aspirina o el ibuprofeno dado que pueden causar un mayor sangrado.

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